De los errores se aprende. Te cuento los grandes fallos de mi vida para que no los repitas

De los errores se aprende. Parece muy fácil en la teoría pero no lo es tanto en la práctica. Ésta es la historia de como una serie de malas decisiones finalmente me hicieron encontrar el camino, no sin antes dar muchas vueltas...

Érase una vez un chico tan desgraciado, tan desgraciado, tan desgraciado, que todo lo que decidía era equivocado. Cada decisión que tomaba se basaba en la razón, pero ésta le era esquiva. Al poco tiempo de decidir se percataba de su constante error...

Parece un buen inicio de cuento pero no lo es. Es de manera aproximada la historia de mi vida. Vaya mártir estás hecho, pensarás. Pues si, ¿y qué? 😛 Tu consejo lo he oído mil veces, ánimo que de los errores se aprende, y si, se hace. Pero hay gente a la que le cuesta más que a otra. Tras varias malas decisiones al final no me ha quedado otra que hacerlo...

Después de muchos años tengo una teoría, he llegado a la siguiente conclusión: a la hora de decidir algo, cuanto más tiempo tengas para pensar cual es la mejor opción peor será la decisión que tomes.

Toma una decisión

Como te puedes imaginar mi lista de errores o decisiones erróneas es bastante larga, dura exactamente 13 años. Todo empieza al acabar el instituto, momento trascendente en la vida de un chiquillo de 18 tiernos añitos. Tenía que decidir qué quería hacer con mi vida. No tenía ni idea, pero tenía dos opciones.

  1. Podía optar por una carrera con buena salida profesional y trabajo prácticamente garantizado
  2. O bien estudiar lo que realmente me gustaba, que tenía una salida profesional más complicada y menos oportunidades.

¿Qué crees que elegí?

Aquí la clave para los que vayáis algo perdidos estaba en lo que realmente me gustaba...Opté por olvidarme de que mi pasión es el deporte y descarté INEF para estudiar Ingeniería Informática, una carrera que ya de inicio no me llamaba lo más mínimo.

Pero ¿qué se me había perdido a mi entre lenguajes de programación, redes y computadores? Primer gran error que arrastraría el resto de mis días...

Pues bien, tardé poco más de 2 meses en saber que había metido la pata hasta el fondo pero decidí seguir. ¿Por qué no cambié de carrera si lo tenía tan claro? Pues creo que fue una mezcla de cabezonería, de no dejar algo a medias (imagínate, si casi ni había empezado…) y de creer firmemente que aunque pensara que me había equivocado, a la larga vería que no.

Permíteme un pequeño inciso para que veas el nivel de ceguera que yo tenía en ese momento. Precisamente en esa época, vinieron un par de amigos a explicarme que iban a dejar lo que estaban estudiando. No les llenaba ni les gustaba y habían decidido estudiar otra cosa que realmente los motivara y les hiciera más felices. Por supuesto y sin dudar, yo les apoyé y les aconsejé que lo hicieran si estaban tan convencidos, que cambiarían a mejor. Tal y como dice el refrán: ”Consejos vendo y para mi no tengo”. Muy amo yo y mi doble moral.

No contento con vivir amargado mi carrera universitaria, sólo la parte académica, la parte nocturna creo que nadie la aprovecho más que yo, iba a más fiestas que clases...cometí un error que siempre llevaré conmigo porque no tiene vuelta atrás...¡¡No hice un ERASMUS!! ¡¡Noooooooo!! En serio tío ¿qué pasa contigo, lo mejor que ofrecía la Universidad, 7 años de carrera y no lo haces? Pues no, no lo hice, y aún no sé el por qué. Tremendo error, me arrepentiré el resto de mis días...

En vez de eso decido ponerme a trabajar antes de acabar la carrera, retrasando así algún año más su finalización. No sólo eso, sino que me busco trabajo ya dentro del sector de la informática para amargarme también mi vida laboral. Sin duda una decisión de mente privilegiada, ¿eh?

Pues bien, llega el momento en que acabo la universidad, ya soy Ingeniero Informático. ¿Y ahora qué? Era el momento ideal para hacer caso a mi padre. Él siempre me decía que tenía que irme una temporada a vivir al extranjero para vivir una experiencia nueva y perfeccionar mi inglés. No es que me quisiera echar de casa ni nada, que seguro que también... Me animaba a hacerlo y me argumentaba que era el momento adecuado ya que no tenía ataduras y lo podría aprovechar y disfrutar al máximo. Por fin algo bueno, ¿no?... Pues no, como ya te he dicho antes soy un puto genio y acabé decidiendo que para eso ya habría tiempo más adelante, que ahora prefiero trabajar, ganar dinero y experiencia (atiende, experiencia en algo que no me gustaba una mierda...yo no se en que pensaba la verdad). Total, que lo voy aplazando. Y lo aplazo tanto que no lo he hecho todavía... y tengo 32 años... Ay Papa si me hubieras cogido por las orejas y largado a Londres a tiempo cuanto te lo estaría agradeciendo...

Decido entrar de lleno al mundo laboral de un sector que ya tengo aborrecido antes de empezar. La salida más normal para un Ingeniero Informático es la de programador así que ahí empieza mi trabajo soñado con el que viviré durante más de 8 años.

Al cabo de 2 años y habiendo pasado por un par de empresas la crisis empieza a acechar y me echan del trabajo. Ahí se me presentó la primera oportunidad de cambio. Si no me gustaba mi profesión y estaba en el paro, aún sin demasiadas responsabilidades ni ataduras en mi vida, lo más fácil era arriesgarme y tomar otro camino que me hiciera más feliz. ¿Qué hice yo? Acepté un puesto similar, de más responsabilidad y mejor sueldo con lo que aún estaba más atado. Fui a peor. Como cobraba más tenía más responsabilidad y eso implicaba más estrés. Nos empezaron a pedir que hiciéramos horas extra e incluso que fuéramos a trabajar algunos fines de semana. En esa época el nivel de estrés fue muy elevado y empecé a sufrir sus efectos. Me dejó de crecer pelo en algunas zonas de la barba, parecía un dálmata. Decidí que no podía seguir así por lo que tomé una decisión, ¿dejar el trabajo por fin? ¡No! Dejar de hacer horas extra. Esa fue mi gran solución a un problema que aún no había detectado.

Un tiempo después me empiezo a plantear el por qué no me gusta lo que hago. ¿Qué había en mi trabajo que me causara tanta frustración? Seguía sin aceptar que a mi no me gustaba programar e iba buscando excusas. La que se me ocurrió en aquel momento fue la de cambiar de tecnología. Yo programaba aplicaciones web en Java. Hacía aplicaciones de gestión que mucha gracia no tenían, cosas para bancos, farmacéuticas, administraciones, nada apasionante. En esas que a raíz de un curso al que me apunté con un amigo, descubrí Ruby on Rails, otro lenguaje de programación. Era algo más atractivo y más agradecido que Java. El curso lo hicimos ya que teníamos un proyecto bastante interesante entre manos, con bastante salida comercial y lo queríamos desarrollar en Ruby.

Una vez tomada la decisión de cambiar de tecnología, decidí empezar a buscar trabajo como programador Ruby on Rails. Lo hice aún sabiendo que, al no tener nada de experiencia en este lenguaje, volvería a ser un Júnior y mi sueldo bajaría en picado. Aún así lo hice pensando que haría reflotar mi pasión inexistente por la programación. Pobre iluso... Si, se lo que piensas, ese tío es jodidamente brillante.

De los errores se aprende

Y esto me lleva a mediados de 2014. Ya llevaba un año y medio en mi última empresa, una empresa pequeñita, donde hacíamos cosas bastante chulas y tenía toda la flexibilidad del mundo para hacer el horario que quisiera. El sueldo no era gran cosa (ya que casi no tenía experiencia en Ruby on Rails) pero la flexibilidad horaria me permitía tener más tiempo para hacer cosas en mi vida y eso me compensaba. Aún así, sentía que me faltaba algo, que seguía con esa sensación de estar perdiendo el tiempo. Un buen día finalmente vi la luz, se me abrieron los cielos, abrí los ojos y entonces me di cuenta: a mi lo que no me gusta es programar, lo que no me gusta es trabajar para una empresa de desarrollo informático, en qué lenguaje programe o que tecnología utilice es lo de menos...

Por fin dejé de engañarme y empecé a ver las cosas claras. Ése fue el punto de inflexión a una serie de buenas decisiones que me han llevado a atreverme a apostar por mi y a cambiar. El proceso, desde que lo decidí hasta que lo llevé a cabo se prolongó otro año más. Durante ese año aproveché para formarme, leer, aprender y decidir hacia donde quería ir. Me marqué un Plan y una Estrategia y me lancé a ello.

Mirando atrás, veo que estos errores me han hecho perder muchos años y muchas experiencias que debería haber vivido. Por otro lado, no todo ha sido malo. Hoy por hoy he decidido que quiero vivir a través de mi blog y mis proyectos en Internet y esto me es más fácil que a otra gente gracias a que tengo unos conocimientos que hacen que ya sepa muchas cosas que hay que tener en cuenta así como aprender con mayor facilidad cosas técnicas para poder montar un negocio online. Mucha gente quiere vivir de un blog pero tiene que aprender de cero, yo ya tengo algo de camino recorrido.

La conclusión que saco de todo esto es que está muy bien tomar decisiones con la cabeza pero que muchas veces el dejarse llevar y hacer caso de nuestros gustos o intuiciones también es necesario. Pensar demasiado no siempre es bueno, hace que nos pongamos trabas y problemas que parecen mayores de lo que realmente son. Yo ya no puedo cambiar el pasado, pero si puedo aprovechar lo bueno y aprender de los errores cometidos para intentar, esta vez si, que no se vuelvan a repetir. Si además de eso consigo que te plantees mejor las cosas antes de tomar decisiones similares ya será la hostia y si no como mínimo aprende de tus errores más rápido de lo que lo he hecho yo 😛

Por cierto, te estarás preguntando cómo ha ido el proyecto que tenía con unos amigos en Ruby on Rails, ése con tan buena salida comercial y por el cual cambié de tecnología... Pues se paró en seco, al final no lo hicimos. Otra gran decisión, una más de una larga lista...

Colorín colorado, este cuento no se ha acabado... Pero empieza otro ¡¡lleno de aventuras!! Y la primera es mi blog, Surfea Tu Vida. Sígueme y te iré explicando como voy haciendo mi camino y te ayudaré a que crees el tuyo.

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2 comments on “De los errores se aprende. Te cuento los grandes fallos de mi vida para que no los repitas”

  1. Espero que vaya todo a mejor. Elegir un buen camino es difícil, mantener el rumbo es cosa de cabezonería (perseverancia lo llaman), y que vaya bien dicen que es cosa de suerte... Lo que está claro es que la satisfacción de ser dueño de tu vida es por si el mejor premio.

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